El oncólogo aprende a hablar con serenidad, incluso cuando por dentro sabe que no todas las respuestas están escritas.
Hay una idea que pocas veces se dice en voz alta: los oncólogos también sentimos miedo.
No es el mismo miedo del paciente. Sería injusto compararlos.
Quien recibe un diagnóstico teme por su vida, su familia, su cuerpo y todo aquello que, hasta ese momento, parecía seguro. El médico está del otro lado del escritorio. Lleva una bata, conoce los estudios y parece tener las palabras correctas.
Pero la bata no nos vuelve inmunes.
También sentimos miedo cuando encontramos algo inesperado en un estudio. Cuando un tratamiento que funcionaba deja de hacerlo. Cuando el organismo no responde como esperábamos. Cuando debemos entrar a una habitación sabiendo que la conversación que tendremos cambiará la vida de una familia.
Lo sentimos, aunque hayamos aprendido a que no se note demasiado.
En medicina, el miedo puede tener otro nombre: responsabilidad.
Es esa pausa antes de tomar una decisión importante. Es volver a revisar un estudio. Consultar con otro especialista. Preguntarnos si existe una alternativa que todavía no hemos considerado.
No siempre dudamos porque no sepamos qué hacer.
A veces dudamos porque entendemos perfectamente lo que está en juego.
La experiencia no elimina esa sensación. La transforma. Con los años aprendemos a no permitir que nos paralice, pero tampoco queremos perderla por completo.
Porque el día en que un diagnóstico deje de importarnos, tendremos que preguntarnos qué parte de nosotros se quedó en el camino.
Los médicos desarrollamos recursos para hablar de temas difíciles. Elegimos las palabras, procuramos no adelantar conclusiones y explicamos las posibilidades con claridad.
Pero no existe una clase que consiga volver sencilla una mala noticia.
Antes de abrir la puerta, muchas veces respiramos profundo.
Sabemos que al otro lado hay alguien esperando una frase que le permita regresar a la vida que tenía esa mañana. También sabemos que, en ocasiones, no podremos darle esa frase.
Entonces hacemos lo que podemos hacer: decir la verdad sin abandonar a la persona dentro de ella.
No se trata de fabricar esperanza ni de apagarla. Se trata de encontrar una esperanza que pueda sostenerse sobre la realidad.
A veces será la posibilidad de curación. Otras veces, controlar la enfermedad, disminuir el dolor, ganar tiempo o hacer que ese tiempo tenga la mayor dignidad posible.
La esperanza también cambia de forma.
Hay pacientes que permanecen con nosotros después de la consulta.
Pensamos en ellos mientras revisamos otros expedientes. Recordamos una pregunta que hicieron. Buscamos un artículo nuevo. Comentamos su caso con el equipo. Nos preguntamos cómo estará su familia.
Y sí, también nos preocupa equivocarnos.
Por eso la oncología rara vez debería practicarse desde el ego. Un buen médico no necesita fingir que lo sabe todo. Necesita reconocer cuándo debe investigar, pedir otra opinión o reunir a diferentes especialistas.
Decir “quiero revisar esto con más cuidado” no es indiferencia.
Muchas veces es una forma profunda de compromiso.
Contar que los oncólogos sentimos miedo no significa que el paciente tenga que tranquilizarnos. La consulta sigue siendo su espacio. Su enfermedad, sus preguntas y sus emociones deben ocupar el centro.
Nuestra responsabilidad es sostener la conversación y ayudarle a tomar decisiones informadas, aun cuando nosotros también sintamos el peso de ese momento.
Pero quizá conocer esta parte ayude a derribar una pared.
Detrás de los términos médicos, los protocolos y la aparente serenidad, hay una persona que también desea que el tratamiento funcione. Que celebra una buena noticia. Que se preocupa ante un cambio. Que algunas noches recuerda un caso mucho después de haber dejado el consultorio.
No somos héroes ni máquinas.
Somos profesionales entrenados para caminar junto a otras personas en uno de los terrenos más inciertos de la vida.
Y quizá la confianza no nace de creer que el médico nunca tiene miedo.
Quizá nace de saber que, incluso cuando lo siente, no deja de estudiar, de cuidar, de decir la verdad y de permanecer a tu lado.
Dr. Benito Sánchez Llamas
Oncología Médica
La Vida No Se Googlea
Entre Síntomas y Esperanza.
NEO – Núcleo de Especialidades Oncológicas.
Tu cuerpo habla. Nosotros te ayudamos a escucharlo. Agenda tu cita con nosotros.